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Las Vidas Perdidas y las Almas Empobrecidas: El Fracaso de la Iglesia en América Latina
Por Michael Hogan
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Michael Hogan es el
autor de The Irish Soldiers of Mexico, Los Soldados Irlandeses
de Mexico, Molly Malone and the San Patricios, Making Our Own
Rules, Mexican Mornings: Essays South of the Border, y Imperfect
Geographies. |
Cuando el cardenal católico y
conservador José Ratzinger fue electo Papa Benedicto XVI, muchos
observadores vieron esto como el principio de un periodo
reaccionario para la Iglesia Católica junto con una clara
oposición al clero femenino, a la unión de homosexuales, la
clonación, la libertad de elección de las mujeres con respecto a
su vida sexual y reproductiva, los movimientos ecuménicos, el
uso de métodos anticonceptivos para la prevención del SIDA, la
teología de la liberación, la organización de la comunidad de
católicos laicos y el activismo social. Sin embargo, para
aquellos que han seguido las políticas de la Iglesia en América
Latina, su elección se ha percibido sin sorpresa y como la
continuación de una postura de la Iglesia que comenzó a partir
de los años ochentas.
El Cardenal Ratzinger, también conocido como “el ejecutor” del
Vaticano para el Papa Juan Pablo II, ordenó el “silenciamiento”
en 1984 de los teólogos de la liberación, prohibiéndoles la
publicación de sus trabajos y la remoción de obispos que
apoyaban sus posturas, así como también declaró la oposición
vaticana al activismo social y a las organizaciones de
auto-ayuda; las cuales habían sido consideradas desde hace mucho
tiempo por los sacerdotes en las regiones empobrecidas como
primordiales para realizar su misión Cristiana.
Para entender lo que esto ha significado para las poblaciones
indigentes y marginadas en América Latina y lo que la elección
de este cardenal como Papa seguramente va a representar en los
siguientes años, es conveniente estudiar la historia reciente,
en especial la de América Central.
EL SALVADOR
El
Arzobispo Oscar Romero era un prelado tradicional cuando fue
asignado a su puesto en El Salvador en los años setentas. Lo que
lo hizo excepcional conforme pasó el tiempo fue que prestó
atención a los indigentes y marginados de su congregación.
Escuchó cuando ellos le contaban historias de familiares que
habían sido secuestrados por los “escuadrones de la muerte” del
gobierno, cuando intentaron organizar a trabajadores agrícolas,
o cuando hablaban en contra de las políticas represivas del
gobierno. Observó las fotos de los cuerpos torturados de civiles
que se habían opuesto al régimen represivo y escribió a las
autoridades solicitando ayuda para ponerle fin al miedo y a la
opresión en la que sus parroquianos vivían. Cuando el gobierno
se mostró indiferente, él empezó a reflexionar sobre la
necesidad de estas personas de organizarse para remediar su
situación. Se percató que la tradición conservadora de la
Iglesia en América Latina –aliada a la plutocracia, proveyendo a
los ricos y auxiliando a los pobres solamente a través de la
distribución de limosnas para aquellos con mayor necesidad-
meramente servía para perpetuar injusticia. Él juzgó que los
pobres e impotentes tenían el derecho a intentar de alterar su
situación a través de organizaciones de auto-asistencia,
educación, y acción comunitaria. Asimismo, también consideró que
la Iglesia tenía una obligación a través de su liderazgo de
asistir en este proceso con soluciones concretas.
Sus esfuerzos para servir a estos parroquianos ofendieron no
solamente al gobierno represivo y a las clases altas, sino que
también a sus parroquianos ricos (Opus Dei) quienes pensaron que
la Iglesia estaba socavando sus privilegios. Asimismo, cuando el
Obispo Romero bautizó a los bebés indígenas de la misma fuente
bautismal de aquella en la que también se les bautizaba a los
privilegiados bebés blancos, éstos últimos se indignaron.
Tacharon de activismo socialista su apoyo a los grupos católicos
laicos de auto ayuda. Así, cuando el Obispo se encontraba en el
púlpito haciendo un llamado para ponerle fin a la violencia
contra grupos opositores del gobierno, le mataron a tiros en
plena luz del día.
En su funeral, el cual se llevó a cabo el 30 de marzo de 1980 en
la Catedral de San Salvador, las tropas gubernamentales abrieron
fuego contra la multitud. La masacre dejó 44 muertos y cientos
de heridos. Entre los testigos de ese día estaba la misionera
laica Maryknoll, Jean Donovan.
Un año después, Jean Donovan junto con otras dos hermanas
Maryknoll, Maura Clarke e Ita Ford, y Dorothy Kazel una hermana
Ursulina, fueron raptadas, violadas y disparadas a muerte por
soldados de la Guardia Nacional. Al día siguiente, campesinos
descubrieron los cuerpos al costado de un camino aislado,
enterrados en una tumba poco profunda. Todos los que estaban
familiarizados con el caso sabían que estas mujeres fueron
asesinadas por la Guardia Nacional y que al final, su muerte
tuvo que haber sido autorizada por el gobierno. 1 Sin embargo,
cuando el Papa visitó El Salvador en 1983, él deliberadamente
rechazó cualquier comentario en referencia a su obispo, o al
caso de Jean Donovan y las monjas. Enfatizó que el propósito de
la Iglesia era el de enseñar que Jesús es el Hijo de Dios y el
de proveer consejo espiritual a su rebaño. En privado, el Papa
se reunió con sus sacerdotes y monjas de El Salvador y les pidió
que interrumpieran su participación en los grupos comunitarios
de auto-asistencia. De esta manera, el Papa reemplazó al
Arzobispo asesinado Romero por un conservador, dándole las
mismas instrucciones que a los demás en un esfuerzo por
restaurar la antigua alianza de la Iglesia con aquellos que
yacían en el poder, sin importar que tan corruptos o cómplices
en la violencia organizada; alianza que le valió su mala
reputación en el siglo anterior.
NICARAGUA
El día anterior a la visita del
Papa a Managua en 1983, 17 miembros de una organización juvenil
que habían sido asesinados por los soldados de Samoza fueron
enterrados después de un programa de conmemoración en la misma
plaza donde el Papa Juan Pablo II estaba por oficiar misa. Se
esperaba entre las madres y jóvenes presentes que el Papa
expresara compasión ante las muertes de estos adolescentes, pero
no fue así. En cambio, el Papa ofreció un sermón que exigía al
pueblo de Nicaragua el abandono de sus “compromisos ideológicos
insostenibles” y urgía a los obispos a permanecer unidos.
Anteriormente, había reprendido al Padre Ernesto Cardenal en el
aeropuerto por sus nexos con la asociación de trabajadores
agrícolas, por lo que unos pocos en la congregación sabían que
era muy poco probable que el Papa exhortara a una unidad con el
pueblo. Muchos otros, sin embargo, creyendo que el Papa estaba
realmente del lado del pueblo, comenzaron a salmodiar “una
plegaria para nuestros muertos” y “queremos la paz.” 2 El Papa
los ignoró y concluyó su sermón. En la consagración, una de las
madres de los jóvenes asesinados irrumpió con un megáfono para
decir “Santo Padre, te rogamos por una plegaria para nuestros
amados que han sido asesinados.” 3 El Papa no sólo rechazó esa
plegaria sino que se saltó el Padrenuestro así como su
tradicional “señal de paz.” Ofreció comunión a algunos
dignatarios, dio su bendición y se retiró.
Después el comentarista de la BBC describió ésta como una de las
“misas más inusuales en la carrera del Papa.” Fue más que
inusual para el Presidente Daniel Ortega pedirle al Papa que
antes de partir ofreciera una propuesta de paz para Nicaragua,
que expresara “una palabra que pudiera fortalecer al pueblo”.
Este representante del Príncipe de la Paz perdió una clara
oportunidad de tener algún grado de influencia. Decir que dejó
atrás a muchos católicos alienados, es quedarse corto.
Se ha dicho a través de fuentes privilegiadas que cuando el Papa
preguntó que era lo que la gente gritaba durante la Misa
(“¡queremos paz!”), uno de sus asistentes le dijo que no tenía
importancia y que aquellos que habían gritado eran comunistas.
Con su propia experiencia del comunismo en Europa Oriental, esta
declaración era como mostrarle la capa roja a un toro. Poco
tiempo después, los obispos liberales fueron reemplazados por
conservadores como resultado de una campaña alentada por
Ratzinger (quien realizó una tesis sobre el tema), que mostraba
al Papa los presuntos nexos entre elementos de la teología de la
liberación y Marxismo. “El Papa comenzó a escuchar a aquellos
que exponían la teología de la liberación en caricaturas –
sacerdotes con pistolas, Marxistas- y simplemente no eran
representaciones precisas,” 4 dijo Dean Brackley, un profesor de
teología en una universidad Jesuita en América Latina. Al año
siguiente, el teólogo brasileño, líder de la teología de la
liberación, Leonardo Boff, recibió órdenes de partir a Roma en
1984 y fue sentenciado por el comité del Cardenal Ratzinger a un
año de “silencio servil,” tiempo durante el cual se le denegó el
permiso de publicar o enseñar públicamente. A partir de este
incidente, Leonardo Boff renunció a la orden Franciscana. 5
OPCIÓN PREFERENCIAL
La situación pudo haber sido
completamente diferente de no haber sido por la influencia de
Ratzinger. El Papa Juan Pablo II estaba familiarizado con el
Movimiento Solidario de Polonia, al cual lo pudo haber comparado
con las organizaciones agrícolas y los grupos rurales de
artesanos en El Salvador y Nicaragua. Pero la suerte ya estaba
echada y la Iglesia abandonó dos décadas de activismo social y
“la opción preferencial por los pobres” para regresar a la
“benévola ausencia” que tanto caracterizó a la jerarquía
eclesiástica en América Latina en los años dictatoriales.
La opción preferencial por los pobres y grupos vulnerables fue
un concepto que había evolucionado a principios de los años
sesenta y que perteneció a la filosofía de la Iglesia en las
Conferencias de Obispos en América Latina en Medellín, Colombia
(1968) y en Puebla, México (1979). Esencialmente se hizo notar
la creciente conciencia de solidaridad de los pobres entre sí
mismos, sus esfuerzos para apoyarse el uno con el otro, y sus
demostraciones públicas; las cuales, sin recurrir a la
violencia, presentaron sus propias necesidades y derechos ante
la cara de ineficiencia o corrupción de las autoridades
públicas. "En virtud de sus propias obligaciones evangélicas,"
la Iglesia debe permanecer “al lado de los pobres, para
discernir la verdad presente en sus pedidos y ayudarles a que se
haga justicia, sin perder la visión del bien común”.6 En otras
palabras, “como seguidores de Cristo tenemos el reto de asumir
una opción preferencial por los pobres, es decir, para crear las
condiciones para que las voces marginadas puedan ser escuchadas,
para defender al oprimido y para asesorar sobre el estilo de
vida, la política e instituciones sociales en términos de su
impacto hacia los pobres. La opción por los pobres no significa
poner un grupo en contra de otro, sino de fortalecer a toda la
comunidad asistiendo a aquellos que se encuentran más
vulnerables."7
EL REVÉS DEL CARDENAL RATZINGER
“Un análisis del fenómeno de la
teología de la liberación,” escribió el Cardenal Ratzinger en
1984, “revela que ésta constituye una amenaza fundamental hacia
la fe de la Iglesia.” Profundizando en el tema, expone
“posiciones radicalmente marxistas (sic)” en aquellos que
enseñan la teología. A pesar de que concede que la teología de
la liberación “contiene un grano de verdad”, el Cardenal insiste
en que es un error y argumenta que “un error es mucho más
peligroso cuanto mayor sea ese grano de verdad.” 8 Ese grano de
verdad, por supuesto, es la misión de Cristo y sus apóstoles,
definida por los Evangelios, en especial por el Sermón de la
Montaña donde Jesús claramente afirma la “opción por los
pobres.” El Cardenal Ratzinger responde que ésta es una amalgama
entre una verdad básica de la Cristiandad y una opción
fundamental anti-Cristiana, la cual seduce y se asemeja a una
verdad. “En el Sermón de la Montaña definitivamente Dios toma
partida por los pobres,” escribe el Cardenal. “Pero interpretar
a ‘los pobres’ en el sentido de la dialéctica histórica marxista
(sic) y ‘tomar partida por ellos’ en el sentido de un conflicto
de clase, es un intento malicioso de exponer como idénticas
entidades que son opuestas.” Mientras reconoce la “irresistible
lógica” de los teólogos de la liberación, el Cardenal Ratzinger
sugiere que esta nueva interpretación de la Cristiandad es
incorrecta, que deberíamos regresar a la “lógica de la fe, y
presentarla como la lógica de la realidad” 9 y que no le
corresponde a teólogos, sacerdotes, laicos y monjas interpretar
la palabra de Dios, sino a la autoridad de la Iglesia.
La orden de silenciar a los teólogos de la liberación, la cual
vino poco después, no sólo despojó a los profesores de sus
trabajos, a los sacerdotes de su mensaje más saliente hacia los
pobres, a los obispos de sus diócesis, obispos que además serían
reemplazados por hombres que estaban de acuerdo con el Cardenal
Ratzinger; sino que también tenía un efecto más mortífero.
Mandaba un mensaje a los regímenes represivos en América Latina
de que estas personas no contaban con la protección ni apoyo de
la Iglesia. Misioneros laicos, monjas, sacerdotes, maestros y
hasta asistentes fueron inmediatamente percibidos como blancos
fáciles por parte de los regímenes represivos. Una de las
masacres más brutales fue el asalto a la Universidad de América
Central (UCA por sus siglas en inglés) en San Salvador. Ahí, muy
temprano el 16 de noviembre de 1989, los soldados entraron a la
residencia Jesuita y asesinaron al presidente de la universidad,
Fr. Ignacio Ellacuría y a otros cinco sacerdotes. Su cocinera
Elba Ramos y su hija Celina, quien había pedido quedarse a pasar
la noche allí, temiendo por su propia seguridad ya que los
soldados habían rodeado el campus, también fueron asesinadas. 10
Los asesinatos de los padres Jesuitas en la universidad mandaron
un mensaje a todos aquellos asociados con la teología de la
liberación. Con el retiro del apoyo de Roma por su trabajo y con
la clara “instrucción” del Cardenal Ratzinger de que esto era un
movimiento Marxista, la situación de todos los que trabajaban en
América Latina, fuera de los canales oficiales gubernamentales,
era vulnerable. Los sacerdotes en la universidad eran maestros e
intelectuales. El Padre Ellacuría, originario de Madrid, era
reconocido internacionalmente como un educador y era incluso
amigo del ex embajador norteamericano ante las Naciones Unidas,
Jean Kirkpatrick. Tal lo declarado por el Padre Charles Beirne
de la Sociedad de Jesús., “Ellos eran sacerdotes, no políticos
partidarios. Ellos se encargaron de la comunidad, de los
indigentes y exploraron las dimensiones éticas de la realidad
nacional. Por esto fueron silenciados.” 11
El MARXISMO COMO TÁCTICA PARA
DESPISTAR
Jean Donovan, la misionera laica quien fue asesinada junto con
las monjas en El Salvador, fue la hija de un ingeniero
aeronáutico en la compañía Sikorsky de Westport, Connecticut.
Fue criada en relativa afluencia económica, era una católica
devota, tenía una maestría en administración de empresas de la
Universidad Case Western Reserve y fue Republicana de por vida.
En 1979, cuando ya se encontraba a punto de obtener una exitosa
carrera en la administración de empresas en Cleveland, Jean
Donovan se ofreció como voluntaria, a través de una iglesia
local, para trabajar en una misión en El Salvador junto con la
organización Caritas después de haber escuchado sobre el trabajo
del Obispo Romero y la situación desesperada de los niños en ese
país. Poco después de su llegada a América Central, sus cartas a
su familia en los EE.UU. empezaron a hacer referencia a las
crecientes pruebas que ponían en evidencia la conexión entre las
políticas estadounidenses y la violencia en El Salvador.12 Con
la elección de Ronald Reagan en 1980 y su promesa de su fuerte
postura contra el “comunismo” en América Central, ella vio que
los Estados Unidos habían efectivamente dado a los regimenes
represivos en dicha región exactamente lo que ellos necesitaban:
una mano libre para eliminar la oposición, sofocar las
organizaciones obreras, e intimidar (incluso hasta eliminar)
trabajadores humanitarios cuyo apoyo del “pueblo” en vez del
“gobierno” podría ser interpretado como Marxista. “Las cosas
empeoran progresivamente en El Salvador después de la elección
en los Estados Unidos… Los militares creyeron que se les había
otorgado un cheque en blanco, sin restricciones.” 13
El hecho de que ambos gobiernos asimilaron el trabajo social
católico al Marxismo tuvo repercusiones. Funcionarios de la
administración de Reagan repitieron la excusa del gobierno de El
Salvador sobre los asesinatos y violaciones, argumentando que
las mujeres “estaban a cargo de una barricada” y que “no eran
solamente monjas sino también activistas políticas.” Cuando la
familia Donovan se acercó al Departamento de Estado de Estados
Unidos para recibir información acerca de la aprehensión de los
responsables por el asesinato de su hija, fueron tratados
fríamente y después con hostilidad. El gobierno norteamericano,
al cual lo habían creído como un fuerte bastión de justicia,
ahora aparecía aliado con las fuerzas de represión.
Eventualmente se les pidió dejar de molestar a los oficiales del
Departamento de Estado. El insulto final ocurrió cuando
recibieron un recibo del Departamento de Estado por más de 3.500
dólares para pagar los gastos por el regreso del cuerpo de Jean.
14 Mientras tanto, el encargado de la Guardia Nacional, quien
era responsable de los asesinatos, el General Eugenio Vides
Casanova, se convirtió en Ministro de Defensa con el apoyo
estadounidense del régimen “democrático” de José Napoleón
Duarte. De esta manera, llegó a su fin la era revolucionaria de
los años ochenta en América Central.
En los años noventa, la jerarquía católica dejó de participar
activamente en la política, cientos de obispos fueron
reemplazados por prelados más conservadores, se prohibió la
enseñanza de la teología de la liberación en las universidades,
se silenció a teólogos líderes en América Latina y se produjo
una lenta retirada de la Iglesia del activismo social. En
América Central, organizaciones locales han desde entonces
perdido mucha de su iniciativa y apoyo y la verdadera democracia
ha desaparecido para ser reemplazada por un espectáculo
neoliberal democrático, en el cual uno de los dos más ricos
candidatos tiene la oportunidad de tomar el control del gobierno
con las bendiciones de los Estados Unidos. Hoy, El Salvador y
Nicaragua, al igual que Guatemala, países que fueron seriamente
afectados por la guerra, se sitúan en una condición peor de la
que estaban hace cincuenta años, con más de la mitad de la
población recibiendo menos de la ración diaria alimenticia
vital, con un alto desempleo, infraestructura dañada a causa de
los huracanes y guerras, tasas de analfabetismo crecientes,
oleadas de criminales juveniles y la falta de esperanza. Los
comedores de beneficencia y las canastas de comida del 2005 son
muy diferentes de los grupos de auto-ayuda, las organizaciones
de campesinos, los sindicatos, y las clínicas que la Iglesia
ayudaba a organizar y apoyar en la década de los ochenta.
En América del Sur (excepto Venezuela, Brasil y Uruguay) muchos
países han renunciado a su autonomía política a favor de las
políticas del FMI, el Banco Mundial y los inversionistas
corporativos. En algunos de estos países, en particular en
Brasil, la teología de la liberación se ha profundizado y
ampliado, especialmente donde es aparente que sólo el trabajo
pastoral puede servir a los pobres, a quienes el Estado y las
políticas neoliberales han dejado de lado. En Venezuela, el
vacío dejado por la pérdida de una Iglesia activista ha sido
llenado por el populismo del Presidente Chávez quien, alimentado
por el “reconocimiento” prematuro estadounidense de su reemplazo
durante un infructuoso golpe de Estado, 15 ha creado una
economía de guerra (“Evite la invasión estadounidense, Pague
impuestos”) 16 mientras cuidadosamente distribuye parte de los
ingresos obtenidos de la venta de petróleo a los sectores
visiblemente más necesitados.
Intentando competir con el gran número de pobres que ahora van a
las iglesias cristianas evangélicas donde pueden cantar sus
sufrimientos, alabar al Señor, y esperar por un mejor mundo
después de la muerte, el nuevo Papa (con la asistencia del Opus
Dei en el reclutamiento) ha empezado la búsqueda de jóvenes,
apuestos y carismáticos sacerdotes que puedan realizar la misma
operación con el imprimátur católico. Han tenido un éxito
limitado, especialmente con clubes y reuniones juveniles en
donde la juventud se concentra en campos abiertos para asistir a
las que parecen versiones cristianas de los conciertos de rock
en la década de los sesenta. El llamado del Papa Benedicto para
una nueva “misión evangélica” en comunicaciones recientes en
América Latina parece ser básicamente esto: el alejamiento de la
Iglesia de cualquier esfuerzo real por lograr la justicia social
en América Latina y la decisión de competir, no por almas sino
por el público presente en el nuevo movimiento evangélico, donde
los himnos y las invocaciones al Espíritu Santo y los gritos de
“aleluya” y “amen” proveen una escapada a otro mundo fuera de la
realidad y donde la religión finalmente se convierte, como Marx
tan proféticamente ha notado, meramente en el opio del pueblo.
La genuina ironía, por supuesto, radica en que la teología de la
liberación y la opción por los pobres, la que el Cardenal
Ratzinger denigró como Marxista, era una clara y potente
alternativa al Marxismo; y contrario al populismo y militarismo
que probablemente sucederán a los movimientos populistas una vez
que estos fallen, la teología de la liberación y la opción por
los pobres continúa siendo la última y mejor esperanza de
conferirle poder al pueblo en América Latina para cambiar sus
vidas, establecer raíces para los movimientos democráticos y
formar comunidades seguras, auto-suficientes y prósperas.
NOTAS:
1 Existen numerosas fuentes que recapitulan en detalle lo
sucedido a Jean Donovan y a las tres monjas. Entre los mejores
está el libro reciente: Salvador Witness: The Life and Calling
of Jean Donovan (Testigo Salvadoreño: La Vida y Vocación de Jean
Donovan) por Ann Carrigan (Maryknoll, NY: Obis Books, 2005) del
cual hago referencia en algunas partes del contenido histórico.
2 De "The 1983 Visit of Pope John Paul II to Nicaragua" (La
Visita de 1983 de Juan Pablo II a Nicaragua) por Catherine Hoyt
(Marzo 1983). Este es un texto de una carta escrita por Hoyt a
sus padres unos días después de la visita Papal a Managua.
Después se publicaría esta carta en la Red dada la excelente
calidad de su relato. Hoyt es la coordinadora nacional del
Nicaragua Network Education Fund (La Red Nicaragüense para el
Fondo Educacional)
3 Ibid. Las citas textuales que siguen son del relato de Hoyt.
4 La Cita textual de Dean Brackley es de "Part of the Flock Felt
Abandoned by the Pope" (“Parte del Rebaño se Sintió Abandonado
por el Papa”) por Cris Kraul y Henry Chu. L.A. Times, 10 de
abril de 2005.
5 Ibid., p. 2.
6 De "An Introduction to the Principles of Catholic Social
Thought." (“Una Introducción a los Principios del Pensamiento
Social Católico”) Universidad de Notre Dame.
7 Ibid. p.1
8 De "Preliminary Notes to Liberation Theology" (“Notas
Preliminares de la Teología de la Liberación”) por el Cardenal
José Ratzinger, anterior a la “Instrucción” del otoño, 1984.
9 Ratzinger, op. cit., Sec. III, "Central Concepts of Liberation
Theology." (“Conceptos Claves de la Teología de la Liberación)
10 Ibid. pp.7-8.
11 Esta información proviene de Religious Task Force on Central
America and Mexico (Comisión Religiosa sobre América Central y
México) localizada en UCA, donde los Jesuitas fueron asesinados.
Véase "Martyrs of the University of Central America." (“Mártires
de la Universidad de América Central”)
12 "Ordinary People Made Extraordinary" (“Gente Común que se
vuelve Extraordinaria”) por Fr. Charles Beirne, S.J.
13 De "Jean Donovan: Except for the Children." (“Jean Donovan:
Excepto los Niños”)
14 Ibid. La cita es atribuida a su madre, Patricia.
15 Ibid., p. 4.
16 En un editorial del 13 de abril de 2002, inmediatamente
después del atentado de golpe de estado, el New York Times
declaró "La democracia Venezolana ya no está amenazada por un
aspirante a dictador". El New York Times explicó que Chávez fue
“el ejército forzó su renuncia y fue reemplazado por un
empresario.” Tres días más tarde, el New York Times se retractó
y ofreció una pequeña disculpa: “El Sr. Chávez ha sido un líder
demagógico y que ha generado tal grado de disensión, que su
partida la semana pasada fue muy bien vista tanto en Venezuela
como en Washington. Esa reacción, que nosotros compartimos en su
momento, pasó por alto el modo antidemocrático en que Chávez fue
removido de su cargo. Nunca debe festejarse la destitución
forzada de un líder democrático, sin importar cual haya sido su
desempeño.”
17 Este fue un anuncio visto por el autor cerca del aeropuerto
de Caracas el 20 de octubre de 2005.
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