Maracaibo, Octubre 29 de 2.003
Análisis
Epistemológico de la Película
“un Milagro para
Lorenzo”
(Lorenzo’s Oil)
Se
ha dicho que hay una estrecha correspondencia entre los estilos de pensamiento
(o estilos cognitivos) y los enfoques epistemológicos de los individuos
(Rivero, 2000), de manera que para un estilo de pensamiento intuitivo, concreto
o formal-abstracto existe su equivalente enfoque epistemológico de tipo
fenomenológico, empirista y racionalista -respectivamente-, sobre una base de
socialización y sistematización del conocimiento.
En
el presente trabajo se hace un análisis epistemológico de la película “Un
Milagro para Lorenzo” (del director George Miller). El objetivo general es analizar los estilos
de pensamiento (EP) asociados a los enfoques epistemológicos (EE), que se
manifiestan en el modo según el cual los
personajes centrales (Michaela Murphy Odone, el Dr. Gus Nikolais y sus colegas,
y Augusto Odone) intentan resolver el problema de la enfermedad que ataca a
Lorenzo (el hijo de los Odone): una adenoleucodistrofia o ALD. Se trata de un caso real que surgió entre
1983-84.
1. El Enfoque Epistemológico Empirista-Inductivo
En
ese sentido, el Dr. Gus Nikolais y sus colegas (incluidas las dos enfermeras
que cuidaban a Lorenzo, así como la fundación que presta asistencia a los casos
de ALD) representan el EP concreto, que se manifiesta a través del EE
empirista-inductivo. Así se evidencia
desde los primeros síntomas de la enfermedad de Lorenzo, cuando éste es
sometido a diversos estudios para medir el comportamiento de su organismo,
hasta que finalmente (por inducción) llegan al diagnóstico: el paciente padece
una adenoleucodistrofia, una enfermedad que impide al organismo (exclusivamente
en los varones) controlar la síntesis de unas grasas saturadas de cadena larga
que se producen en exceso y que van degenerando las funciones cerebrales, hasta
ocasionar la muerte de la persona que la tiene.
Por
supuesto, tal diagnóstico estuvo basado en una serie de observaciones de tipo
sensorial e instrumental (con los equipos médicos), que permitieron determinar
ciertas regularidades presentes en el “objeto” de investigación (Padrón, 1998)
y que eran propias de los patrones correspondientes a la ALD, según se pudo
establecer en los otros casos similares (repeticiones) estudiados en el pasado.
A
partir de ese momento, Lorenzo es “cosificado” y pasa a ser un número más
dentro de las estadísticas clínicas, que brinda una nueva oportunidad para
confirmar las regularidades halladas en los otros pacientes con ALD (sobre la
base de frecuencias de repetición); así como para poder seguir las
investigaciones descriptivas sobre esa enfermedad y observar las diversas fases
implicadas en su evolución, hasta que la persona fallece. Esta “cosificación” también se evidencia en
la proclamación del Dr. Nikolais, respecto a que la ciencia debe ser “neutral”
y, por tanto, “objetiva”, aunque por ello muchas veces parezca despiadada.
Por
otro lado, los médicos al principio se sirven de los datos empíricos que tienen
sobre la enfermedad, con el fin de descartar cualquier posibilidad de curación
para Lorenzo, pues la “experiencia” (empirismo) les ha demostrado que los
pacientes mueren normalmente a los dos años de habérseles diagnosticado la ALD.
Sin
embargo, cuando la insistencia de los Odone conduce a plantear una alternativa
para curar al niño, los galenos se acogen al principio empírico-inductivista de
validación del conocimiento, mediante la confirmación de teorías a través de
diversos experimentos y de repeticiones de los mismos (no podían basarse en un
o dos resultados favorables, ya que ello no era estadísticamente representable
y, por tanto, no podía hablarse de un conocimiento socializado). Esto implicaba un largo período de pruebas,
un tiempo valioso que ni Lorenzo ni los otros niños con ALD podían darse el
lujo de esperar.
También
se evidencia el aislacionismo en el que trabajan los científicos empiristas
(cada quien con una parte del rompecabezas, se quejaría Michaela), lo cual se
corresponde con el viejo estereotipo del hombre de ciencia encerrado en su
laboratorio, haciendo experimentos hasta que “descubre” el conocimiento y lo
anuncia con un “¡eureka!”. Tal realidad
influyó para que en ese entonces (1984) y después de 10 años de haberse
reportado la enfermedad por primera vez, la ciencia no hubiese hablado de una
posible cura, pues las investigaciones se habían quedado sólo en la parte
descriptiva y de confirmación de regularidades, pero no había intercambio (el
conocimiento no era intersubjetivo) ni asociación de esos conocimientos
descriptivos. Esto último ocurrió cuando
Augusto propuso realizar un simposio internacional sobre la ALD.
Aunque
en ese evento surgió una alternativa para resolver el problema, los médicos
alejaban esa posibilidad (en unos seis o siete años obtendrían los resultados
de las “pruebas”) al insistir en la necesidad de aplicar el método
empírico-inductivo, antes de hablar de una terapia. Es decir, realizar más experimentos, más
observaciones y mediciones, más clasificaciones, más confirmaciones, etc., para
así poder estar seguros -“a ciencia cierta”- de que la teoría “descubierta”
funcionaría correctamente. Es el ritmo
con el que trabaja la ciencia -dirían resignadamente los directivos de la
fundación-, pues es necesario manejar estadísticas y probabilidades.
2. Enfoque Epistemológico Racionalista-Deductivo
En este caso, el estilo de pensamiento formal o
abstracto se manifiesta a través del enfoque epistemológico racionalista-deductivo
representado por Augusto Odone, el padre de Lorenzo.
Tras
el diagnóstico del niño, Augusto decide que deben conocer toda la información
existente acerca de la ALD, de tal forma que esos datos empíricos y
descriptivos les permitan establecer asociaciones entre esos conocimientos
previos y las incógnitas o hipótesis (Padrón, 1998) referidas a la
enfermedad. Su objetivo no es sólo
conocer el qué (la causa-efecto de la ALD), sino también el cómo ocurre el
problema. Es decir, determinar las
relaciones entrada-proceso-salida que se dan en la ALD, con el fin de
proporcionar una explicación de dicho problema y, a su vez, pensar en una
posible cura de la enfermedad, que derive en la salvación de su hijo.
De
allí que recurra a gráficos, modelos y analogías como la del fregadero y la de
la cadena de clips, para preguntarse en principio el por qué seguían aumentando
los niveles de grasas saturadas, si éstas habían sido eliminadas de la dieta de
Lorenzo; o cómo ocurría la relación entre la enzima y la producción de grasas
saturadas y no saturadas. Interrogantes
que lo condujeron a establecer las respectivas hipótesis que desembocaron en un
modelo para explicar cómo se daba ese proceso de biosíntesis, con miras a
controlarlo y así poder darle una aplicación concreta que condujera a resolver
el problema representado por la ALD y, por derivación, salvar a su hijo.
Por
supuesto que llegar hasta allí no fue una mera casualidad ni un descubrimiento
fortuito, sino que implicó el estudio y la búsqueda de información sobre la
enfermedad (como hicieron cuando llegaron a un nuevo y desconocido país, otra
de las analogías empleada por Augusto), para asociar esos datos empíricos,
descriptivos y aislados, con el fin de ir construyendo (creando) el
conocimiento que lo llevó a solucionar el “enigma bioquímico” encarnado por
Lorenzo (aunque luego recuperó la perspectiva de que estaba analizando a su
hijo, a un ser humano y no a una “cosa”).
De
hecho, el proponerle al Dr. Nikolais que el simposio internacional sobre ALD
tuviera un carácter únicamente terapéutico, llevaba implícita una crítica a ese
aislacionismo científico que sólo había arrojado datos descriptivos de la
enfermedad, pero que no había trascendido hacia otras fases del proceso de
investigación, que diera origen a la invención de un conocimiento
intersubjetivo (compartido) dirigido hacia una cura. Con esta actitud fueron consecuentes los
Odone y por ello decidieron informar a los otros padres de niños con ALD,
cuando vieron que el modelo de Augusto (por deducción) funcionó con Lorenzo.
Pero
la actividad racionalista de Augusto no llegó hasta allí: detener la enfermedad
de Lorenzo y prevenir su aparición en otros niños con riesgo a contraerla por
vía hereditaria. Una vez más, un
problema de orden vivencial lo lleva a plantearse conjeturas acerca de la
manera de restaurar las deterioradas funciones cerebrales de Lorenzo, por lo
cual empieza a buscar información sobre la estructura y función del sistema
nervioso, y se plantea la interrogante de cómo lograr que las órdenes que el
niño envía a su cerebro no queden atrapadas “en una cueva oscura”, como
consecuencia de la destrucción de la mielina por la acción de las grasas
saturadas de cadena larga.
3. Enfoque Epistemológico Introspectivo-
Vivencial o Fenomenológico
En
este caso, el estilo de pensamiento intuitivo se manifiesta a través del
enfoque epistemológico introspectivo-vivencial (o fenomenológico) representado
por Michaela Murphy Odone, la madre de Lorenzo.
Una
vez diagnosticada la enfermedad, Michaela acepta la sugerencia de Augusto en
cuanto a que deben conocer toda la información existente acerca de la ALD, pero
no pensando en formular teorías o establecer esquemas explicativos del problema
(que conduzcan a establecer una solución), sino en utilizar ese conocimiento
previo para interpretar una realidad que le ha tocado vivir, sentir y compartir
con su hijo (Padrón, 1998), con quien se identifica y establece una simbiosis a
lo largo de la investigación que emprende para proporcionarle una cura. Es decir, que el conocimiento es para ella la
interpretación de esa realidad, tal como aparece en el interior de los espacios
de su conciencia subjetiva (introspección), según plantea Padrón (1998).
Ella
concibe que esa investigación debe ser llevada a cabo de una manera integral,
atacando todos los frentes posibles (de ahí su crítica al aislacionismo de los científicos, en el cual
cada uno aborda sólo una parte del rompecabezas) y sin perder la perspectiva de
que el objeto de estudio no es una cosa, sino un ser humano, un sujeto
(relación sujeto investigador-sujeto investigado) y, en definitiva, su
hijo. De ahí que siempre lo siga
tratando como a una persona con necesidades afectivas (decirle que se ha
portado bien ante las crisis que le dan, que es un valiente), con quien se debe
compartir (leerle cuentos, tener a su amigo Omouri), que además puede seguir
instrucciones (contar los números con ella cuando lo ataquen las crisis),
intercambiar información con el movimiento de los ojos (“no quiero más cuentos
infantiles”) e incluso ser “reprogramado” neurolingüísticamente (decirle al
cerebro que le ordene al meñique moverse) y que también posee capacidades
cognitivas (al final, Lorenzo es enseñado a comunicarse a través de la
computadora).
Aunque
Michaela ayuda a interpretar la paradoja bioquímica del aumento de las grasas
saturadas -y también localiza el laboratorio que les proporcione el aceite que
necesitan-, su búsqueda de información no se centra en el descubrimiento o
invención de un conocimiento determinado, sino en comprender y vivir la
experiencia para poder estudiarla. Por
eso es que interioriza su objeto de estudio (transformado en sujeto dentro de
una realidad subjetiva), con la finalidad de aprehenderlo (Rivero, 2000), situación
que la lleva a confesar que ella no puede pensar en disfrutar de la vida,
cuando Lorenzo no puede disfrutarla.
Otro
aspecto que evidencia el EE introspectivo-vivencial en este personaje es la
crítica que plantea, ante el hecho de que la fundación y los médicos consideran
que los niños con ALD están al servicio de la ciencia (son conejillos de
indias) y no al revés. En otras
palabras, la madre de Lorenzo ve a la ciencia como un mecanismo para la
transformación y emancipación del ser humano (Padrón, 1998), un ideal que en este
caso se estaba irrespetando, por la actitud de los médicos de negarse a aplicar
un tratamiento que había funcionado para dos niños con ALD, bajo el argumento
de que necesitaban realizar más pruebas que demorarían hasta siete años en
arrojar resultados (sin importar que muchos pacientes seguían muriendo
irremediablemente).
Allí
está presente un nuevo elemento de dicho enfoque epistemológico, según el cual
el conocimiento se accede, produce y valida mediante la vivencia del
investigador (Padrón, 1998), como es el caso de que el ingrediente base del
aceite utilizado contra la enfermedad (ácido erúcico) ha sido consumido por
milenios en la India y en China (y allí la gente sufre menos del corazón), un
dato empírico que sirvió para rebatir el argumento del Dr. Nikolais, de que los
experimentos en ratas (observaciones particulares) habían evidenciado daños
cardiovasculares. Igualmente se aprecia
cuando Michaela y la madre del otro niño tratado con el aceite esgrimen ambos
casos como ejemplos de un tratamiento exitoso vivenciado, que debería ser
aprobado como ocurrió en su tiempo con el AZT para el sida, pues la gente
estaba muriendo y no había tiempo para tantas pruebas.
Una
situación similar plantea Michaela, al increpar al Dr. Nikolais para que
reconsideren y busquen otra forma de investigar, como lo dicta el sentido común
cuando hay tantos niños falleciendo por la ALD.
Sin duda, una crítica a una práctica científica que ella considera
dilatoria y, por lo mismo, inhumana (al negar la posibilidad de una pronta
solución, de una pronta concreción de la ciencia aplicada).
Estos
son a grandes rasgos los diversos aspectos que podemos apreciar, en cuanto a la
presencia de los tres estilos de pensamiento (intuitivo, concreto y
formal-abstracto) asociados a sus correspondientes enfoques epistemológicos
(fenomenológico, empirista-inductivo y racionalista-deductivo,
respectivamente), que se manifiestan a través de los personajes centrales de
“Un Milagro para Lorenzo”.
Referencias
Padrón G., José. 1998. La estructura de los procesos de
investigación. USR. Decanato de Postgrado. Caracas.
Rivero, Norma. 2000. Modelo de las correspondencias entre enfoques
epistemológicos y estilos de pensamiento.
En “Enfoques epistemológicos y estilos de pensamiento”. Tesis Doctoral. USR. LIN-EA-I. Caracas.
Trabajo
realizado por Alexander Mosquera (CI 7.794.012), para el seminario sobre
Epistemología dictado por el Dr. José Padrón G. en el Doctorado en Ciencias
Humanas de la Universidad del Zulia.