ES BUENO VER A CARLOS ORTEGA PAGAR POR SUS IRRESPONSABILIDADES

Por más que esta opinión vaya contra muchos, personalmente aplaudo que Carlos Ortega sea castigado como debe ser. No quiero referirme a este hecho en términos filosófico-políticos ni académicos, sino en términos absolutamente PERSONALES.

Ese fue uno de los individuos siniestros que me hizo pasar más de un mes encerrado en mi casa sin gas para cocinar, sin gasolina para moverme -ni siquiera a comprar comida-, sin posibilidades de comunicarme con otras personas... y, en fin, realmente pasando por unos 40 días en los que sentí que vivía como un náufrago en una isla perdida. Tampoco quiero referirme al hecho de que ese mismo individuo desvió aquella marcha desde su punto previsto hacia Miraflores, con las consecuencias trágicas que todos conocemos: tengo el doloroso video de Tortosa cayendo violentamente con un disparo que venía de muy alto, más el dato de que su familia acusa a la Oposición (y no al gobierno) de su muerte, dato que es muy significativo.

No quiero referirme a eso ni a muchas otras cosas, porque mi satisfacción ante la sentencia contra Ortega es eminentemente PERSONAL. Siento que ahora pagará por esos 40 días en que me hizo sentir terriblemente mal, en que me hizo la vida difícil sin más motivo que el de pretender tumbar a un gobierno legítimamente elegido (si hubiera sido ilegítimo, igualmente yo lo culparía, porque no tiene derecho a hacer lo que hizo sólo por lo que él juzgó). Me siento compensado, aunque sólo sea parcialmente (porque faltan muchos otros irresponsables que también fueron causantes de mi malestar personal), por esos 40 días de humillación, de estrés, de barbarie, de fascismo y de opresión al cual fui sometido por ese individuo con un coeficiente intelectual de menos de 60 puntos, con una hoja académica de verdadero analfabeta, sin preparación intelectual alguna, sin ni siquiera una base elemental de razonamiento y argumentación... y, en resumen, un individuo que fue capturado en una sala de Bingo. Si de verdad fuera un político rebelde, ideológicamente motivado, ¿habría sido capturado jugando Bingo como cualquier frívolo apostador? No tengo nada contra quienes juegan Bingo, pero no es esa la imagen que yo tengo de un luchador ni de un líder con ideales políticos.

Digo esto último porque una de las argumentaciones de esta Oposición que no se cansa de cometer errores es que la sentencia contra Ortega es un asunto político. Por favor, ¿cuál es el concepto de POLÍTICA y de LÍDER  o de LUCHA y de IDEOLOGÍAS que tienen en mente? Hasta donde yo puedo percibir, Carlos Ortega no tiene absolutamente nada de eso. Para mí no pasa de ser un sujeto con importantes deficiencias mentales. Por eso me dio tanta risa ver aquella portada de la revista ZETA, de Poleo, con la foto de este individuo junto a la leyenda de "el Lech Walessa Venezolano". Esa portada la guardo en mi colección de estupideces de los Medios Masivos. Me resulta inconcebible cómo tantos académicos, con Maestría y Doctorado, se dejaron guiar por un deficiente de ese calibre.

Lo único que me queda en duda es si Carlos Ortega deba considerarse un criminal o si deba pagar 16 años por actitudes criminales. Si fuera yo, lo condenaría a esos mismos 16 años, o muchos más, pero por deficiente irresponsable y no por otra cosa. A los irresponsables que causan importante daño a los demás hay que encerrarlos de modo igual que a los criminales, pero bajo un concepto totalmente diferente.

Para terminar, a quienes se opongan a todo esto que digo aquí sólo les recuerdo que, cuando una habla con los ciudadanos opositores comunes y corrientes (como muchos de mis lectores), siempre responden que ese paro fue un ERROR. Reconocen que fue un ERROR. Entonces yo me pregunto: ¿los errores no se pagan? ¿hay que dejar que los líderes de aquel error sean juzgados inocentes, como si nada hubiera pasado? ¿Y dónde quedan mis 40 días de malestar, de aislamiento y hasta de hambre por los cuales pasé en ese tiempo debido a ese "error"? Francamente, no creo que ese tipo de cosas deban ser consideradas como simples travesuras ni como simples equivocaciones perdonables. Yo, en lo personal, no perdono ese tipo de cosas ni olvido todo el malestar ni todas las adversidades a las que fui expuesto por el "detallito" de ese error. No. Carlos Ortega, Juan Fernández y compañía tienen que compensarme por todos las dificultades que me causaron en ese tiempo. No es más que simple sentido de justicia. Por mucho menos de lo que causó Carlos Ortega muchos han llegado a matar. Suele haber muchos muertos por conflictos a raíz de un simple choque, por una simple infidelidad conyugal, por una simple discusión. ¿Y vamos a dejar que este oscuro personaje siga su vida feliz, como si nada hubiera ocurrido?

Hoy celebré, después de que supe de la sentencia contra ese irresponsable. Me faltan los otros deficientes de la lista de irresponsables de entonces. Personalmente, exijo que paguen por sus "errores" y por su escasez mental asociada a daños a terceros, lo cual me causó tanto malestar y tanta incomodidad en esa época. Y este punto de vista es exclusivamente PERSONAL. Si fuera un punto de vista de análisis ético-político-filosófico las conclusiones creo que serían peores para sujetos como Ortega, Fernández y la turba de intelectualmente desdentados que se hace llamar "Gente de Petróleo".

Ofrezco a mis lectores disculpas por la amargura y el desahogo implícitos en esta nota. Pero si todos los medios masivos usan y manejan ese tipo de amarguras ¿por qué no puedo yo hacer lo mismo?

Estoy totalmente de acuerdo con el encarcelamiento de Carlos Ortega y de todos los que faltan.

No es un "preso político" sino un "irresponsable preso", como deberían estar todos los incapacitados que dañan gravemente a los demás. Allá los académicos que consideran a Ortega su Líder. Me imagino qué valores éticos les transmiten a sus propios estudiantes y, además, me pregunto qué clase de postgrado hicieron para terminar defendiendo a este "Lech Walessa venezolano", como quiso vendérnoslo el inefable Rafael Poleo (él siempre creyendo que todo el mundo es imbécil).